
2º día de residencia.
Elena sugiere que es el momento de hacer cuentas. Para los no-iniciados -yo entre ellos-, esto significa medir la música con el cuerpo o, más bien, acoplar la música a los ritmos y danzas que el cuerpo crea. Para realizar estas cuentas, se usan sobre todo escuchas y silencios. Lo cierto es que este ejercicio de coordinación se asemeja a la estructura de una jamsession: una ordenación de lo improvisado, en este caso,de aquello que surge del cuerpo.
En paralelo, Camille comienza a bailar la zona abdominal: oblicuos, recto y diafragma se ensanchan y comprimen al ritmo de la respiración. En algún momento, Elena le propone dar voz a ese aire que inspira y expira al ritmo de cada movimiento. Difícil, al menos por ahora, sincronizar voz, respiración y cuerpo. Asumen que están todavía en fase experimental y que necesitan más tiempo y reposo para definir cada una de las materias.
No obstante, a lo largo de este ensayo matinal han ido apareciendo imágenes y formas susceptibles de ser puestas en escena. En particular, algo que Elena ha llamado “gran danza del vientre”; una suerte de ola abdominal a través de la cual cada músculo resulta asilado hasta diferenciarse del conjunto en que se integra.
La sesión de la mañana se interrumpe por la llegada de otro miembro de la familia Córdoba: María José Pire, compañera y amiga de Elena, además de bailarina en un gran número de sus creaciones.
Tras la comida, nueva fase de este ensayo, hoy a jornada completa.
La tarde comienza con la intención de coreografiar el dúo que Montse y Camille comparten dentro de la sección dedicada a la danza de las articulaciones. De nuevo la música ha de acoplarse al cuerpo, aun sin pautar sus movimientos. Elena quiere que melodía y cuerpos no se acompañen sino que se contrapongan, se desdigan, se confundan. Tiene el convencimiento de que en lo imperfecto se esconde un tipo particular de belleza o, al menos, es ahí donde ha decidido buscarla.
Ante esta tentativa de coreografía (anárquica), surgen varias preguntas:
¿Cómo pautar una improvisación?
¿Cómo ordenar el desorden?
¿Cómo establecer una lógica en el caos?
¿Cómo asociar discontinuidades?
El orden, lo armónico o lo equilibrado no tienen cabida en este ejercicio extremo de belleza donde lo único importante parece ser la toma de conciencia acerca de los límites –corporales, de resistencia, artísticos-.
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